La época del Mandato británico

Los soldados británicos en el frente de la Basílica

Una vez terminado el largo periodo otomano, la mayoría de los lugares de culto cristiano se encontraban en un estado de degradación grave. Los terremotos, los incendios y la complicada gestión del Status Quo habían comprometido fuertemente el estado de conservación de la basílica del Santo Sepulcro y de los otros Lugares Santos de la cristiandad.
El interés de los Británicos por supervisar las antigüedades palestinas y su estado de conservación había sido ya expresado en 1920, cuando una ordenanza del Departamento de Antigüedades estableció que cualquier trabajo realizado en los edificios antiguos debía estar seguido por un inspector que controlara y aprobara la ejecución.
También los Lugares Santos cristianos estaban dentro de la tipología de bienes a proteger y el Departamento se reservó el papel de aprobar e inspeccionar las eventuales reparaciones e integraciones que las Comunidades entendían realizar sobre los edificios.
En la relación del Capitán Mackay, en aquel tiempo inspector para las Antigüedades, en 1919, se evidenciaba el estado de peligro de derrumbe del Edículo del Sepulcro.
El Edículo, después del incendio de 1808 había sido reconstruido por los Griegos y hasta 1868 estuvo expuesto a la degradación causada por la lluvia que entraba por el óculo abierto sobre la cúpula de la Rotonda. La situación de degrado del Edículo fue verificada por los ingleses en 1926, el año antes del gran terremoto, y a pesar de que el revestimiento exterior del Edículo le hiciera parecer inestable, el análisis determinó la solidez de la estructura interior.
Pero las fuertes sacudidas del terremoto en el verano de 1927 hicieron todavía más preocupante la seguridad de todo el edificio que mostraba grietas y fracturas en los pilares y en las arcadas. A causa de aquel evento, la comunidad Griego Ortodoxa se vio obligada a la reconstrucción completa de la cúpula sobre el Catholicon, realizada según el proyecto del arquitecto inglés William Harvey.
Las autoridades británicas, que cada vez estaban más preocupadas por la inestabilidad de la estructura de la basílica y conscientes de las innumerables controversias existentes entre las Comunidades religiosas para la restauración del edificio, evitando toda responsabilidad, dieron la orden de realizar un sistema de puntales de madera y armaduras de acero que convirtieron la basílica en una foresta de andamios durante casi treinta años.
En 1929 se instaló también para la fachada un sistema de puntales y se quitaron las dos arquitrabes cruzadas que decoraban las puertas de acceso, arquitrabes que todavía hoy están custodiadas y expuestas en el Museo Rockfeller de Jerusalén.
El deseo de la comunidad latina de restituir dignidad al Sepulcro de Cristo empujó en 1939 a mons. Gustavo Testa, delegado apostólico en Palestina, a encargar a dos ilustres arquitectos Luigi Marangoni y Antoni Barluzzi, el ambicioso e irrealizado proyecto para la construcción de una nueva basílica, que se convertiría en un gran espacio sagrado capaz de garantizar la presencia de las confesiones cristianas alrededor de la tumba vacía de Cristo.
La última intervención de la potencia mandataria en la basílica interesó al Edículo que, en 1947, fue encerrado en un sistema de armazón de acero que todavía hoy lo rodea.

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El trabajo sobre la tumba de Felipe d'Aubigny